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Acceso profesionales

Dr. Francisco Cervantes. Hospital Clinic de Barcelona.

INTRODUCCIÓN

La leucemia mieloide crónica (LMC) es una enfermedad maligna de las células de la sangre. Se origina en la médula ósea, órgano que produce las células de la sangre y que está localizado en el interior de los huesos.

La LMC se manifiesta en forma de un aumento del número de glóbulos blancos (leucocitos) en la sangre, algunos de los cuales son inmaduros (es decir, que son precursores de los leucocitos, que normalmente están en la médula ósea y no en la sangre). Los precursores de las células de la sangre tienen un cromosoma anómalo, el cromosoma Filadelfia. Con técnicas modernas de biología molecular se ha demostrado que además del cromosoma Filadelfia estas células tienen un oncogén (esto es, una combinación de material genético que hace que las células proliferen más rápidamente), el oncogén BCR/ABL.

La incidencia de la LMC es de un caso nuevo por cada 100.000 habitantes al año. La enfermedad puede aparecer a cualquier edad, pero la mayoría de los casos se dan en individuos entre 30 y 70 años. Es algo más frecuente en los varones.

 

SÍNTOMAS

En la actualidad la mayoría de los individuos con LMC no tienen síntomas cuando se les diagnostica la enfermedad y ésta se descubre al encontrarse un aumento de los glóbulos blancos en una analítica de rutina. Algunos pacientes pueden tener décimas de fiebre, sudoración excesiva o molestias o dolor en el lado izquierdo del abdomen debido al crecimiento excesivo del bazo.

 

 

DIAGNÓSTICO

El examen de la sangre permite sospechar la LMC, al encontrar un aumento de los leucocitos con un porcentaje de células inmaduras. Sin embargo, el diagnóstico definitivo requiere demostrar el cromosoma Filadelfia en las células de la médula ósea o el gen BCR/ABL en la médula ósea o los leucocitos de la sangre. Por tanto, además de hacer análisis de sangre, es preciso realizar una punción de la médula ósea (habitualmente en el esternón o en el hueso de la cadera) para examinar los precursores de las células de la sangre y estudiar sus cromosomas.

 

TRATAMIENTO

La LMC puede evolucionar a largo plazo a una forma más agresiva de la enfermedad, la llamada crisis blástica, que es parecida a una leucemia aguda y no suele responder a los tratamientos actuales. Por tanto, el tratamiento de la LMC debe ir encaminado a evitar que dicha evolución tenga lugar.

Existen varias posibilidades para tratar la LMC, tales como la quimioterapia oral (hidroxiurea, en cápsulas), las inyecciones subcutáneas de interferón, el trasplante de progenitores hemopoyéticos a partir de un donante compatible o bien un fármaco oral más moderno, el imatinib (Glivec), que bloquea el producto del oncogén BCR/ABL. Sin embargo, hoy en día, las posibilidades quedan reducidas a dos: el trasplante y el imatinib. La única opción curativa de la LMC es el trasplante pero conlleva un cierto riesgo de mortalidad. Por ello, como imatinib es un tratamiento bien tolerado, suele controlar bien la LMC e incluso hace desaparecer el cromosoma Filadelfia (si bien no cura la enfermedad), actualmente se aconseja dar primero imatinib y considerar el trasplante sólo en el caso de que no se consiga una buen respuesta a este medicamento.

 

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